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Adiós a Mauricio: “Siempre seremos cuatro”.

Viernes 7 de setiembre, 2018

Eran cerca de las 22. Marianita se posó en la parte más alta. Un poco abajo, despidiéndose, Mauricio. Tocándole la cabeza, Pilita y Leticia. La comunidad se reunió alrededor.

El padre Iñaqui leyó un fragmento del profeta Oseas 13, 14.  “Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh Seol; la compasión será escondida en mi vista. Aunque él fructifique entre los hermanos, vendrá el solano, viento de Yahvé; se secará su manantial, y se agotará su fuente; él saqueará el tesoro de todas sus preciosas alhajas…” Invitando a todos y todas a no temer a la muerte, pues forma parte de la vida, del necesario paso hacia la plenitud.

Todos, todas, teníamos una historia o mil para compartir con Mauricio Alcaraz rodeado por sus amigos, amigas, compañeros y compañeras de trabajo. Habló Pilita, su eterna compañera. Habló Leticia. Aunque físicamente no estarán diremos “siempre somos cuatro”, dijo, recordando a Marinita, la hermana que hace un poco más de un año que partió a la casa del Padre. Hoy, se unía a ella Mauricio.

Mauricio no era una persona mediática. La gente lo conoce como una persona seria, respetable y con grandes luchas. Uno de los más callados de los liguistas.

Siendo sacerdote de la orden franciscana, impulsó la creación de varias bases y coordinaciones de las ligas agrarias cristianas, especialmente en la zona de Caaguazú. Nunca renegó de su fe y vio en los campesinos y campesinas el rostro de Jesús y el “pueblo de Dios” que debía ser liberado.

Tras la oración comunitaria, Dionisio Gauto, en un pequeño círculo nos cuenta que “por haber presentado el libro “Vivir Como Hermanos”, del padre José Luis Caravias, fue llevado preso en investigaciones”.  Y nos mostró el texto escrito por Mauricio en abril de 1971. Y el mensaje es tan actual, cerca de 50 años después. Bien vale compartirlo.

¡VIVIR COMO HERMANOS!. Presentación

Miseria, ignorancia, miedo, mentiras y engaños, odios y egoísmos… se siembran y crecen, como yuyos, entre nosotros. Ahora yo te pregunto a ti, hermano campesino, ¿dónde buscas la solución a tu miseria, a tu esclavitud, a tus problemas todos? ¿Pensaste alguna vez que la solución no está en los poderosos, sino en ti mismo? Los de arriba sí creen y te hicieron creer a ti también que ellos son los únicos capaces de arreglar el mundo. Pero ellos sólo quieren alimentar su egoísmo y defender sus privilegios.  “La Biblia, en cambio, nos ha enseñado que nuestra salvación vendrá sólo desde abajo, de nosotros mismos. De Cristo pobre, encarnado nuestros problemas. Solamente por los pobres y desde los pobres se podrá salvar el mundo”.

Todos los pobres, cuando se dan cuenta, quieren y procuran salir de tan triste situación. Pero por diferentes caminos. Esto quiere decir que existen varios caminos. De todos ellos uno será el mejor, el más seguro, el verdadero, ¿verdad? Lo interesante es, por tanto, encontrar este único, seguro y verdadero camino de nuestra Liberación total. Sobre estos asuntos han reflexionado y siguen reflexionando los cristianos campesinos paraguayos con buena voluntad y gran interés. Han tratado de descubrir, de modo especial, lo que Dios piensa de esta espantosa realidad en que viven los hombres. El padre Caravias, empeñado en la misma búsqueda, pasa horas y días entre ellos. “Ustedes han sido los que me han enseñado todo esto”. De estas fecundas reflexiones sobre el plan de Dios y la realidad campesina fueron naciendo las páginas de este libro.

Dios siempre se ha comprometido hasta las últimas consecuencias con su Pueblo. Actualmente, desde hace casi 2000 años, éste Dios es también Hombre. Y se llama Cristo. El compromiso de este Hombre – Dios es el de sacar a su pueblo de esta esclavitud en que se hunde y convertirlo en un Pueblo de Hermanos. Pero para que esto sea realidad, su pueblo, es decir, nosotros tenemos que colaborar con él. Libremente, con amor y sin mirar atrás. Nuestro Señor no está dispuesto a retroceder ni medio paso. En cambio, el punto flojo puede estar en nosotros. De hecho es lo que sucede siempre. Le fallamos a nuestro Dios. Nunca quiso ni quiere tampoco ahora liberarnos sin nuestra decidida y eficaz participación. Dios exige a su Pueblo que se libere a sí mismo. Por todo esto es conveniente templar nuestro espíritu para esta gran Lucha de nuestra Liberación al lado de nuestro Dios. Porque si no salimos de estas estructuras opresoras, Dios no podrá jamás reinar entre nosotros. El Amor no puedo reinar donde impera el Egoísmo.

Cursillos, jornadas, reflexiones, diálogos… con nuestros hermanos, junto con la Gracia, pueden ayudarnos para ir fortaleciendo nuestra Fe en nuestro Salvador. El presente libro, sirve, sin duda, para estos cursillos, reflexiones, jornadas… Contiene gran cantidad de citas bíblicas. “VIVIR COMO HERMANOS” está lleno de Verdad y de Esperanza. No es un libro más que ha aparecido entre nosotros. No ha nacido por un puro gusto intelectual del autor, sino por el contacto fecundo de la Palabra de Dios con el sencillo y sincero pueblo campesino. Es una vida de Dios entre los hombres. Deseos, planes, intervenciones, historia de Dios en el mundo. Llegó a su hora y para ustedes, especialmente, mis hermanos campesinos.

Dios ha escuchado el gemido de su Pueblo oprimido. Ha atendido a sus deseos. Está dispuesto como siempre a salvarlo. Como siempre también hay quieres se comprometen con él en serio. Estos siempre han sido, igual que ahora, los pobres. Es sorprendente, increíble casi, la voluntad irresistible que tiene Dios de salvar a su Pueblo de todas esclavitud. El pueblo que descubre este Plan de Dios se pone de pie, respira hondo, sonríe lleno de esperanza en su Dios y en su propio compromiso.

Recomiendo muy especialmente la lectura de este Libro a los Hermanos Franciscanos del Paraguay y a los Socios de las Ligas agrarias Cristianas. Ustedes son los “ANAWIN”, los pobres de Dios, que desde hace tiempo y siempre creen y esperan en la salvación de Dios. Tercera Orden Franciscana y Ligas Agrarias Cristianas del Paraguay van interpretando en un mismo sentido el Plan de Dios y los deseos del Concilio, de Medellín y de nuestros Obispos. Juntos luchan contra su propio egoísmo y contra las estructuras opresoras con la firme confianza de que algún día exista la verdadera Hermandad Cristiana. Mejor dicho, vuelva a reinar como en las primeras Comunidades Cristianas. “Aquellos primeros cristianos sienten que “caminan en una vida nueva” (1 Jn. 3,14). Se consideran “hombres nuevos” (2 Cor. 5,17). Renuncian a vivir del egoísmo; de la explotación y de lujo”.

Asunción, abril 1971

Mauricio Alcaraz