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Experiencias y propuestas ciudadanas en el libro Vivir la Comunicación

El pasado 27 de noviembre se lanzó el libro “VIVIR LA COMUNICACIÓN.  Inclusión, diversidad, pluralidad”, de autoría de Oscar Rubén Cáceres Jiménez.

El libro contiene “un recorrido por la comunicación para el desarrollo, alternativas, popular, cambio social y buen vivir.  Experiencias de políticas de comunicación en la Región y una mirada del manejo de la comunicación en el Paraguay.  Contiene, además, propuestas de ejes de discusiones para una política pública de comunicación en el Paraguay”.

 Da un recorrido por la región, en los países donde se aprobaron importantes normativas sobre “los servicios de comunicación audiovisual”, como la Argentina, Uruguay, Bolivia y Ecuador.  Cada uno presenta características comunes y particularidades, siendo los derechos humanos la base de todas estas experiencias, y, en el caso de Bolivia y Ecuador con la inclusión de un nuevo paradigma:  el bien vivir/buen vivir.

Nuestro país carece de una política pública de comunicación.  Solo se adoptan estrategias comunicacionales por cada administración.  Falta una política de estado en cuanto a la comunicación, discutida ampliamente con la ciudadanía, las entidades educativas, formadoras de profesionales de la comunicación, las organizaciones de medios empresariales, medios de servicios de la comunicación audiovisual, la comunicación y las TIC, la comunicación y los pueblos indígenas y colectivos culturales, otros actores.

En el libro, estos temas se desarrollan en tres partes, siendo la primera, aproximaciones teóricas a la comunicación y ahondando en lo que es hoy:  comunicación para el desarrollo y cambio social, y, la comunicación para el buen vivir.  En la segunda se recorre las políticas de comunicación, en especial las normativas recientes, de Argentina, Bolivia, Ecuador y Uruguay.

En la tercera, la comunicación en el Paraguay, una mirada histórica, analizándose la comunicación en distintas etapas y planteándose propuestas teniendo en cuenta cinco grandes aspectos:  los desafíos de la democratización de la comunicación, las tecnologías de información y comunicación, las necesidades formativas de comunicadores, las industrias culturales y la necesidad de contar con una entidad rectora democrática.

La obra está inspirada en las vidas y enseñanzas con la vida de Juan Díaz Bordenave y los padres y madres de la comunicación latinoamericana que no termina de construirse.

Esta publicación se hizo con la cooperación de la Editora Arandurâ, de Asunción, y el apoyo del Instituto Latinoamericano de Comunicación JUAN DIAZ BORDENAVE; y, ACER –acción, comunicación, educación y ecodesarrollo.

 

El Libro

VIVIR LA COMUNICACIÓN. Inclusión, diversidad, pluralidad, es una obra que invita a la vivencia y convivencia en una sociedad red, que parte desde el ser humano, individual y su mundo de relaciones con sus semejantes y su contexto.  En él se pone énfasis en el buen relacionamiento entre todos los seres vivientes, el ser humano y la naturaleza, y, el mundo cultural.  Hurga en la dinámica subjetiva del individuo y la identidad y los sentidos de los pueblos.

Enfatiza en la diversidad cultural, la necesaria inclusión y el destierro de las distintas formas de marginaciones, de desigualdades.  Se afirma que si no se convive en igualdad no puede haber democracia y al final la sociedad seguirá el inexorable rumbo de la destrucción.

Plantea la necesidad de mejorar cualitativamente los canales comunicacionales, de las necesidades de políticas públicas sectoriales de comunicación, de la necesaria jerarquización de la comunicación y las instituciones que se construyen; la necesidad de diálogos, de muchos y diversas formas de diálogos para construir una sociedad renovada, transformada donde podamos vivir bien, en Tekoporâ.

El libro es un universo encuadernado de preguntas e intentos de respuestas. Aunque pareciera plantearse un recorrido por los pasillos, hasta a veces áridos, de las teorías, lo que se huele e invita a quedarse a dialogar, en las esquinas, son los olores propios del hombre y la mujer, escuchar los gritos de la gente empobrecida, y, que en medio de tantos elementos de tristezas los pobres gritan agitando banderas de esperanzas.

Los hechos, los relatos, los intentos de explicaciones son profundamente humanas, vivencias, convivencias. Si el recorrido que se hace es a fin de encontrar distintas formas de comunicación, lo es también para encontrar las distintas formas de obstrucciones, las barreras, los altos en el camino de la comunicación.   Estos no hacen otra cosa, sino un violento alto en el lugar donde no se debe quedar, y a veces una quietud donde no lo debe haber, donde debe haber gritos, movimientos, triunfos.

La ciudadanía

¿Por dónde anda la ciudadanía? ¿Por dónde anda el hombre y la mujer en su baile agarradito con su entorno cultural y natural?. ¿Cómo es ese baile entre los hombres y el ambiente y ese mundo espiritual? Y esta danzante comunicación, ¿cómo hace en el mundo de la política? O, ¿cómo se mueve la política cuando experimenta el abrazo de un kuriju? ¿Cómo es la política ante los estrujados abrazos de la comunicación?

Es interesante ver que, generalmente, o por lo menos hasta ahora, en la mayor parte de nuestro universo la comunicación es magullada por la política. Sin embargo, la política ve a la comunicación como una extraña y feroz enemiga que sin sentirla, cual tormentas la puede sanear. Es cuando uno se pregunta ¿cuál es más poderosa?: La política o la comunicación.

Si no fuera la comunicación, de sustancial importancia, cómo se puede explicar, entonces, el primario impulso y acto primitivo del político de querer manejar los canales de la comunicación; que cual kiri kiri se abalanza sobre las voces distintas y diversas que se escuchan para acallarla o secuestrarla.

No se puede entender, si no fuera la comunicación el elemento central de las relaciones, las recurrentes medidas pervertidas que menean en las fuerzas públicas para mantener prisionera la comunicación.

Si no fuera la comunicación, la de mayor valor, no se podría entender las apuestas de miles de millones por mantener sofocada la comunicación por parte de quienes se creen dueños del habla, del silencio y del grito de la gente.

 

La comunicación es acto y proceso social

VIVIR LA COMUNICACIÓN es también sufrir la comunicación, es festejar los triunfos, dolerse de las derrotas de la humanidad, es buscar alternativas. ¿Y si no hay alternativas? La comunicación es también romper, crear grietas, obstruir cuando se exagera, o, ensanchar canales por donde fluir la invisible fuente del ser y los anhelos de la humanidad.

Vivir la comunicación  es poner vida a la dimensión política del ser humano, y la dimensión política de un pueblo. No es un acto ni un proceso neutro. A partir de la definición de procesos implica ya movimiento.

Es lo que afirma con fuerza nuestro amigo Juan Díaz Bordenave: la comunicación es un acto político. Con ella, el ser humano se autotransforma y desde aquí transforma su entorno. El ser humano dialoga con su entorno para transformarlo y ponerlo a disposición suyo y de la comunidad.

Se podría decir también que en la comunicación el ser humano se inter-incide. Es productor de cultura, la transforma permanentemente y la pone al servicio. El acto y el proceso comunicativo no es neutral. Desde su nacimiento juegan estos actores: interlocutor/entorno.

El gran amigo de Juan, y también nuestro, Luis Ramiro Beltrán reafirma esta sentencia:

La comunicación[1] es el proceso de interacción social democrática que se basa sobre el intercambio de símbolos por los cuales los seres humanos comparten voluntariamente sus experiencias bajo condiciones de acceso libre e igualitario, diálogo y participación. Todo el mundo  tiene el derecho a comunicarse con el fin de satisfacer sus necesidades de comunicación por medio del goce de los recursos de la comunicación. Los seres humanos se comunican con múltiples propósitos. El principal no es el ejercicio de influencia sobre el comportamiento de los demás.

Juan, el Juan joven, recientemente expuesto ante nosotros por José Luis Aguirre, el de los años 60 ya decía que “la comunicación no es un fenómeno unidireccional (de la fuente al receptor), sino un proceso multidireccional y dinámico” (Bordenave, 1962:11). Esta mutualidad se da cuando se generan las condiciones para lo que él  califica como  “una comunicación retornada”, es decir, aquella que tiene que ver con escuchar el clamor del pueblo…. “comunicar es (…) conocer el mundo de experiencias de nuestro público (…) su contexto socio-cultural, sus actitudes, y mediante este conocimiento intercambiar con él mensajes que provoquen, (a) en nuestro público los significados, y  las emociones (…) y (b)  en nosotros, los ajustes y cambios necesarios para que nuestra comunicación se enriquezca y se vuelva cada vez más (…) fecunda” (Bordenave, 1962:11). …. “Afirmamos, aquí, que el proceso de la comunicación puede ponerse con una intensidad más revolucionaria al servicio del desarrollo integral de nuestros países. Por supuesto, la primera condición es tener algo –ideas, valores, incentivos– que comunicar, y que posean dinámica revolucionaria”

Hacia una política pública de comunicación

Es propósito de este trabajo dibujar el horizonte de una propuesta de política pública de comunicación para el Paraguay, desde una comunicación comprometida con la transformación social, los valores y políticas propias  de la sociedad, los derechos humanos y la cultura; y, buscar y aplicar metodologías acordes al contexto y las propias de una propuesta participativa y democrática.

Los siguientes son considerados principios para una eventual discusión social y política buscando trabajar  una política pública de comunicación en el Paraguay: la comunicación como derecho humano, la democratización de la comunicación, la pluralidad, el acceso equitativo a la propiedad de los medios, la equidad de género, la cultura, el sistema ambiental como centro de preocupación y compromiso, la libertad de expresión y la comunicación como soberanía, y entre otros, el acceso equitativo a las tecnologías de información y comunicación.

En cuanto a los aspectos desarrollados se citan: la necesaria participación ciudadana en los procesos comunicativos para la democratización de la comunicación; acceso equitativo a las tecnologías de información y comunicación; articulación amplia entre el Estado y el ámbito académico en busca de la calidad en los servicios de comunicación y formación de comunicadores; promoción de las industrias culturales, con un fuerte acento en la identidad y la pluralidad; y, la necesidad de una institución rectora sólida de los servicios de la comunicación audiovisual.

No se plantean técnicas ni cómo hacer a nivel de actividades,  si procesos, y se insiste en que la política pública debe realizarse, necesariamente, con participación ciudadana, sino carecerá de legitimidad y lejos de encontrar soluciones puede ser foco de permanentes conflictos.

Uno de los estudiosos más importantes e impulsores de las políticas nacionales de comunicación ha sido Luis Ramiro Beltrán, comunicólogo boliviano. A mediados de los 70 esbozó lo que, según él, era una política nacional de comunicación, en los siguientes términos:

Una Política Nacional de Comunicación es un conjunto integrado, explícito y duradero de políticas parciales de comunicación armonizadas en un cuerpo coherente de principios y normas dirigidos a guiar la conducta de las instituciones especializadas en el manejo del proceso general de comunicación en un país.

Según Díaz Bordenave, la Política Nacional de Comunicación debe ser un tema discutido, diseñado y asumido en los países. No disimula las dificultades que pueden acarrear en el proceso de discusión e implementación, pero que sí debe hacerse. “La política de comunicación es particularmente delicada por una razón muy simple. Ella influye, de alguna manera u otra, en todas las manifestaciones de la vida de las personas, las empresas privadas y las instituciones públicas, debido a que afecta a los significados que las personas le dan a las cosas, los sentimientos y los comportamientos. De ahí su enorme importancia para el bien o para el mal. Al ser tan penetrante e influyente, la comunicación no es solamente un servicio indispensable sino un instrumento de poder e influencia, así como un medio de obtener lucros y acumular capital. La comunicación contribuye a formar la opinión pública y a la toma de decisiones por las autoridades. Los paraguayos tenemos ante nosotros el desafío representado por la ampliación de la democracia representativa para llegar a la democracia participativa.  La democratización de la comunicación es indispensable para alcanzar la democracia participativa[2].

Un compromiso con la democracia y la buena convivencia

VIVIR LA COMUNICACIÓN es una herramienta que se pone en las manos de la ciudadanía para usarla, para dialogar y trabajar la comunicación en sus distintas dimensiones y ámbitos.

Ojalá un amplio y fructífero debate social y político borre de este texto todos los reclamos, los gritos, silencios, reflexiones. Ojalá se borren, con acciones, todos los planteamientos de la necesidad de una amplia participación para construir, desde la vivencia comunicacional, una sociedad democrática para el buen vivir/Tekoporâ.

Es compromiso del autor escribir un material de similar envergadura cuando la comunicación se trabaja con la ciudadanía, respetando la diversidad cultural, la pluralidad, la inclusión de todos los sectores y actores, y por sobre todo, una amplia libertad de expresión, y un compromiso de construcción participativa de una sociedad sustancialmente diferente a ésta que nos consume y nos aleja de los más profundos anhelos de la humanidad.

El autor

Oscar Rubén Cáceres Jiménez es licenciado en Ciencias de la Comunicación, especialista en comunicación para el desarrollo; tiene un masterado en desarrollo social; diplomado en derecho a la comunicación.  Su tarea comunicativa realiza desde los medios radiales, desde el periodismo y escritor de obras dramáticas, varias de éstas novelas que han sido grabadas y difundidas por varias radios.

Es docente en la UNA y la Universidad Nacional e Pilar, en la Carrera Comunicación para el Desarrollo. Integrante de la Junta Directiva de la Red Nacional de Emisoras; Presidente de ACER – acción, comunicación, educación y ecodesarrollo; Director General del Instituto Latinoamericano de Comunicación JUAN DIAZ BORDENAVE.

Integró el Equipo de Formadores, ELFOS, de la Asociación Latinoamericana de educación y comunicación popular, ALER.  Asimismo dirigió la Asociación de Comunicadores Católicos del Paraguay y el proyecto de Educación Semipresencial de la OCLAC- hoy SIGNIS., de formación radiofónica.  Ha formado parte del movimiento de radios comunitarias en el Paraguay y la Asociación Mundial de Radios Comunitarias, AMARC.

Además trabaja la comunicación y los pueblos indígenas, buscando la capacitación para el uso de las tecnologías y manejo de radios comunitarias indígenas.  Desde sus funciones como Director de Comunicación para el Desarrollo, de la SICOM, 2008-2014 impulsó el Programa Nacional Interinstitucional de Comunicación y Pueblos Indígenas.

Incursionó en la comunicación política que le ha dejado un amplio conocimiento del rol y el manejo de la comunicación y la información en las organizaciones partidarias y estructuras del poder.

Es una de las víctimas de la migración del campo a la ciudad.  Tuvo que dejar su pueblo Fulgencio Yegros, Ka’asapa, para seguir sus estudios.

Tiene trabajos inéditos en la línea de la “comunicación comunitaria”, “comunicación interpersonal y desarrollo de capacidades”, “las radios comunitarias en el Paraguay”, “la memoria histórica y la comunicación”.  También cuenta con novelas no publicadas.

[1] Luis Ramiro Beltrán. “Un adiós a Aristóteles. La comunicación horizontal”. Este fragmento es un extracto del artículo original publicado en inglés, correspondiente al año 1979, cuando Beltrán fue requerido  por la Comisión Internacional para el Estudio de los Problemas de la Comunicación, UNESCO. Y fue publicado en ese idioma también en el volumen 5, número 1 (1980) de la revista Communication de Gordon and Breach, New York, London and Paris, teniendo como editor a Karl Erik Rosengren. La traducción fue realizada por José Luis Aguirre.

[2] Juan Díaz Bordenave. Aportes a la Comunicación para el Desarrollo. SICOM/ILCD. Asunción, Arandurã. pp. 41-42.